Radicales Libres || Anibal M. Silva
El gobierno chino inicia ya su expansión. Tiene contra las cuerdas a Putin que suplica por negociar un segundo gasoducto desde Siberia hasta China, pasando por Mongolia.
El ruso ya no tiene recursos humanos ni económicos para combatir al comediante que gobierna Ucrania.
El ridículo del oso siberiano en la fallida guerra contra Kiev ha sido lamentable.
La reunión de la semana pasada es la del proveedor pobre que suplica al potentado por un contrato. China lo sabe y lo seguirá presionando hasta lograr que se venda por migajas. El tiempo es su aliado y lentamente de ha estado expandiendo hacia Siberia, una zona con pocos habitantes rusos empobrecidos, a pesar de dormir sobre yacimientos de minerales y combustibles y pasear entre millones de árboles maderables.
China ya inicia el saqueo de Siberia mediante tecnología de consumo accesible y bienes de de Temu. Ya controla la frontera y la vida cotidiana del lado del territorio ruso.
Es la venta de espejos del siglo XXI.
Las épocas cambian, las necesidades no.
China ya hizo que Panamá le vendiera su alma al diablo, mediante la empresa CK Hutchinson Port Holdings. El control gubernamental es meramente testimonial, la logística la controlan los orientales.
En el mismo tenor están Venezuela y Perú que le deben hasta la camisa al gobierno de Xi Jing Ping, además de entregarles puntos para establecer puertos y puntos de conexión a Europa.
En el mismo caso se encuentran Argentina y Chile. La letanía argentina de no pedirle al FMI se parece a la fábula de no deberle al Banco pero deberle al usurero de la cuadra. Los intereses devoran a los argentinos y el pedir rescate al FMI abonaría la narrativa de la izquierda que nunca hizo público el desfalco financiero que significa una deuda en Yuanes.
Chile prácticamente empeñó el Litio. Un desfalco financiero entregando su territorio a cambio de nada. Están acorralados.
Hoy, China tiene a sus “socios” bajo un esquema de tiendas de raya. Te pago, pero te retengo intereses de lo que me debes, y me sigues debiendo. Beijing controla extensiones amplias de costas y territorios en Sudamérica y las explota sin pagar un solo Yuan.
Donde no les salieron las cosas a los chinos fue en Brasil. El país más poderoso de Sudamérica desnudó las malas prácticas de BYD y prácticamente los echó del país. Pudo más su alianza con Honda y Volkswagen que los engaños orientales.
Hasta ahora, México, un país significativo en la región, no aparece en el mapa chino más que como un mercado de consumo.
La vecindad con Estados Unidos lo pinta más como un problema a evitar que un objetivo deseable.
La popularidad del país a nivel global y su estabilidad durante cuatro décadas diferentes representa el mismo problema que Brasil, pero potenciado.
Existen transnacionales poderosas como Bimbo, Cemex, Cinépolis, Grupo Salinas y Grupo Carso además de empresas locales y regionales potentes que no han permitido que los espejitos que venden las tienditas chinas desbanquen a los productos nacionales.
Y en el mercado de automotores las marcas chinas pasaron de ensueño a pesadilla, el consumidor prefiere consumir marcas locales establecidas haciendo que los stocks de vehículos acumulando polvo y cerrando agencias de marcas chinas un día si y otro también.
Los porristas de izquierda alaban a China, y los ponen como salvadores del malvado Estados Unidos. Pero la realidad se impone. Norteamérica es un mercado unificado y a pesar de los berrinches de Trump, esa dinámica va a existir porque en caso de romperse el equilibrio la pasarían mal los habitantes de toda la región. Mexicanos, norteamericanos y canadienses viven una existencia cómoda gracias al tratado de libre comercio que los une, renunciar a eso sería una declaratoria de desastre económico. Y nadie que tenga dos dedos de frente, desearía eso.
Jiribilla
Nadie, absolutamente nadie, quiere el regreso de la fayuca.
