La ilusión del plástico vigente: El vacío fronterizo de Américo Villarreal
Por: Anibal M Silva
Con información del Semanario ZETA
El papel aguanta todo, y un pedazo de plástico guardado en la cartera también. El 3 de junio de 2026, el gobernador de Tamaulipas, el morenista Américo Villarreal Anaya, recurrió a una defensa clásica ante las cámaras: mostrar físicamente su visa estadounidense y asegurar, de forma categórica, que el documento seguía vigente. Sin embargo, en la fría frialdad de los servidores del Departamento de Estado de los Estados Unidos (DOS), aquel plástico ya no era más que un objeto decorativo sin valor migratorio.
De acuerdo con una investigación y confirmación de fuentes oficiales del DOS al semanario ZETA de Tijuana, la visa de Américo Villarreal se encuentra formalmente revocada en el sistema. Si el mandatario tamaulipeco aún conserva el documento en sus manos, explicaron las autoridades estadounidenses al semanario bajacaliforniano, es por una simple razón geográfica y de procedimiento: no ha intentado cruzar la frontera. “Ellos tienen el documento porque no han cruzado para que se los quiten”, precisaron las fuentes al semanario, desarmando la defensa del mandatario estatal.
La última vez que Villarreal pisó suelo estadounidense, según los propios registros oficiales de su gobierno, fue el ya lejano 9 de noviembre de 2024. Aquel día, el gobernador viajó en avión a Brownsville, Texas, para visitar las instalaciones de SpaceX, la empresa aeroespacial de Elon Musk. Desde entonces, un prolongado silencio migratorio de al menos 19 meses envuelve su agenda exterior. Fuentes cercanas al gobernador, consultadas por medios nacionales, admitieron desconocer cualquier viaje de índole personal en los últimos años.
La caída en desgracia del estatus migratorio del gobernador de Tamaulipas no es un hecho aislado, sino parte de un efecto dominó que sacude al partido oficialista bajo la implacable presión de la administración de Donald Trump. Los reportes iniciales, publicados por el diario Los Angeles Times, destaparon una investigación de las agencias de seguridad estadounidenses en contra de Villarreal por presunto huachicol fiscal (contrabando de hidrocarburos ilegales).
A la par de Villarreal, el gobernador de Sonora, Alfonso Durazo Montaño, enfrenta el mismo escenario: una visa revocada en el sistema debido a presuntos vínculos, directos o a través de terceros, con el crimen organizado y el narcotráfico. Según detalló ZETA, ambos se suman a una lista negra donde ya figuraba la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila Olmeda—quien admitió la cancelación de su visa en mayo de 2025—, el exgobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya—acusado formalmente por el Departamento de Justicia en Nueva York—, y alcaldes tamaulipecos como el de Matamoros, Alberto Granados.
El reportaje del semanario fronterizo expone un dilema incómodo. Aunque el vocero de la gubernatura tamaulipeca, Gerardo Algarín Hernández, tildó de “falsas” las acusaciones en redes sociales, y la presidenta Claudia Sheinbaum instó a los gobernadores a aclarar su situación ante la opinión pública, el sistema del Departamento de Estado, hoy bajo la tutela de Marco Rubio, es tajante: tener visa es un privilegio, no un derecho.
Por ahora, Américo Villarreal podrá seguir exhibiendo el documento ante la prensa mexicana como un amuleto de legalidad. Pero la realidad tecnológica y diplomática dicta otra cosa. Mientras el gobernador decida no presentarse en una garita o un aeropuerto estadounidense, conservará el plástico intacto; pero en el instante en que intente cruzar al norte, la pantalla del oficial fronterizo confirmará lo que el semanario ZETA ya ha verificado: que las puertas del vecino país se han cerrado para él.
